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La Teoría Conspirativa Sobre La Muerte del Libertador | El Blog de Cruz Dávila

Los resultados de la exhumación de los restos del Libertador contribuyeron a confirmar lo que sabían los que conocen la Historia de Venezuela: Los restos depositados en el Panteon Nacional son los de Bolivar y éste no murió ni envenenado ni fusilado.

La teoría sobre una supuesta carta a su prima Fanny du Villar escrita por el Libertador en sus últimos días, junto a la truculencia de unos códigos masónicos y las conclusiones derivadas de ello, fue completamente descartada por los resultados de la exhumación.

La enfermedad, su evolución y la muerte del Libertador fue un  hecho público, notorio y comunicacional ,como decimos ahora, ampliamente difundido en su momento. Basta revisar los papeles públicos de la época , los 33 partes médicos emitidos por el Dr Reverend y los testimonios de los que presenciaron y/o fueron informados de estos hechos para descartar todas esas teorías absurdas que ven la muerte del Libertador como producto de una conspiración. Para conocer el tipo de enfermedad que acabó con Bolívar y como ésta evolucionó a través del tiempo hay que acudir al testimonio de quien la sufrió: el propio Libertador. A través de sus cartas el Libertador describe claramente los síntomas de su enfermedad, sus posibles causas y predice su eventual desenlace con una precisión increíble.

En Marzo, Mayo y Julio de 1829, en cartas a sus Ministros Castillo y Rada y Jose Manuel Restrepo, desde la Ciudad de Quito y desde las afueras de Guayaquil, hace referencia a problemas en su salud sin entrar en mayores detalles. 

Desde Guayaquil, en carta al Dr José A Alamo el 04 de Agosto, dice: ¨Yo sigo aquí esperando la escuadra y los comisionados peruanos, mientras voy convaleciendo de una grande tempestad de bilis que atormentó y debilitó mucho mi gastada máquina.¨ En el resto de las cartas del correo de esa semana hace referencia a que ¨su existencia física y política se halla muy debilitada y pronta a caducar¨ y afirma que el ¨ataque bilioso¨ le duró unas dos semanas. En carta del 16 de Agosto al Sr Fernandez Madrid dice: ¨Si Ud me viera en este momento ¡parezco un viejo de 60 años!.¨

En carta al General Soublette del 21 de Agosto, el Libertador califica su enfermedad como Bilis Negra. Se queda hasta fines de Septiembre en su casa de campo, en las afueras de Guayaquil, descansando del ¨ataque Bilioso.¨ 

Termina el año 1829 con el regreso del Libertador a Bogotá después de haber logrado de parte de los peruanos, el reintegro de Guayaquil a Colombia. 

En cartas del 23, 26, 27 y 28 de Febrero de 1830 desde Bogota, Bolivar anuncia que ¨He sufrido un gran ataque de bilis que me ha dejado muy postrado.¨ Durante todo el mes de Marzo de ese año el Libertador sale a las afueras de Bogota a descansar del ¨ataque bilioso.¨

Luego de su renuncia a la Presidencia de la República, Bolívar se retira a Cartagena. Desde alli pensaba seguir a Santa Marta para salir al exterior. Desde Turbaco, el 2 de Octubre de 1830 le anuncia al general Urdaneta que ha tenido otro ¨ataque bilioso.¨ Dice lo siguiente: ¨yo he venido aquí desde Cartagena un poco malo, atacado de los nervios de la bilis y del reumatismo. No es creible el estado en que se encuentra mi naturaleza.¨

El 16 de Octubre de 1830, desde Soledad en viaje a Santa Marta, Bolívar le escribe al General Urdaneta en los siguientes términos: ¨Me tiene Ud aquí detenido a causa de mi salud que se ha deteriorado mucho, porque los males de que adolezco se han complicado de una manera muy penosa. Yo sufría antes bilis y contracción de nervios, y ahora ha resucitado mi antiguo reumatismo; asi es que cada remedio, o cada precaución que tomo para impedir el progreso de una de las enfermedades perjudica a la otra muy fuertemente. Es inútil detallar la serie de estas menudencias; siendo la peor de todo que ni hay un médico regular ni tampoco el cilma me conviene. Yo conozco, y los profesores me lo han aconsejado, que debo navegar unos días en el mar para remover mis humores biliosos y limpiar mi estómago por medio del mareo, lo que es para mi un remedio infalible, ya que no puedo vencer la repugnancia a tomar remedios por la boca. Todavía no he llegado a tragar una gota de medicina a pesar de la gravedad de mis males… También ha de saber Ud que mi debilidad ha llegado a tal extremo que el menor airecito me constipa y que tengo que estar cubierto de lana de la cabeza a los pies. Mi bilis se ha convertido en atrabilis, lo que ha influido poderosamente en mi genio y carácter.¨

Esta extensa cita  demuestra en las propias palabras del Libertador que su salud realmente estaba en una situación critica, agravada por la negativa de éste a ingerir algún tipo de medicina. También niega la supuesta disposición del Libertador a encabezar unos batallones imaginarios para mantener la integridad de Colombia. 

Lo expresado anteriormente se reitera en la carta del Libertador del 31 de Octubre también al General Urdaneta en los siguientes términos: ¨Se ha deteriorado tanto (mi salud) que realmente he llegado a creer que moriría; con este motivo tuve que llamar al médico del lugar para ver si me hacía algún remedio, aunque no tengo la menor confianza en su capacidad y voluntad, pero el pobre, me ha levantado de la cama, dándome una fuerza facticia, pero dejando las cosas como estaban, porque no hay un un buen medicamento para quien no lo toma, pues ésta es mi mayor enfermedad y lo peor es que es irremediable; porque prefiero la muerte a las medicinas; ni aun la coacción del dolor me persuade, pues le tengo una repugnancia que no puedo vencer.¨

Las cartas de las siguientes semanas son del mismo tenor en lo relativo a su salud.

En carta del 08 de Noviembre desde Barranquilla al General Urdaneta le dice ¨Mis males van así, asi; sufro en general todos los achaques, pero suelo tener mas o menos fuerzas, cuanto menos dieta tomo, pero este desorden de mi dieta es aconsejado por el médico mismo para que no me muera de consunción. Asi es que las fuerzas que gano me cuestan el aumento de mi bilis y la mayor irritación de mis nervios; pues es a fuerza de vino generoso y de especerías que excitan el apetito y me dan fuerzas. Todo lo que gano es en daño de mi mal. Espero poder embarcarme en dos o tres días para arrojar mi bilis, y quedar aliviado, pues no tomo remedio para nada y mucho menos cuando me acuerdo que el vomitivo que tome en Bogota me hizo dejar el mando en el momento mas crítico exponiéndome a la censura y quizás al sacrificio.¨

En carta al General Mariano Montilla, el 13 de Noviembre, desde Barranquilla le dice: ¨Es posible que yo siga a Santa Marta, después que haya arrojado toda mi bilis, mas como un moribundo que como un viajero pues estoy seguro de que voy a quedar en un estado de flaqueza imponderable y que apenas podré volver en mi ocho días después.¨ En carta al General Urdaneta del 16 de Noviembre dice: ¨Mi salud marcha regularmente , es decir marcha su camino, pues yo no le pongo término por causa de mi repugnancia a las medicinas y porque este clima me mata. Ya no tengo dieta, porque era el único medio de no morirme de debilidad, mas en nada he ganado. Pienso embarcarme en una goleta que vendrá muy pronto a Sabanilla. Arrojaré bilis y me debilitaré más.¨

En carta al General Montilla el 23 de Noviembre de 1830 desde Barranquilla dice: ¨Mis males van de peor en peor, ya no puedo con mi vida, ni la flaqueza puede llegar a mas. El médico me ha dicho que pida un buque para ir a Santa Marta o a Cartagena, pues no responde de mi vida dentro de poco. Y asi estoy resuelto a irme a cualquier parte y, por lo mismo, si Ud me manda buque me ire para alla. ¡Pero como llegaré!. Daré compasión a mis enemigos. Es el sentimiento menos agradable que un hombre puede inspirar a sus contrarios.¨

En la siguiente carta el Libertador anticipa con bastante precisión la probable fecha de su muerte. En carta dirigida al General Urdaneta el 26 de Noviembre de 1830 el Libertador dice: ¨También me ha mandado a avisar (se refiere al General Montilla) que dos buques ingleses mercantes han llegado a Santa Marta y que hoy vendrá uno a Sabanilla para que yo me embarque; y estoy preparándome para hacerlo inmediatamente, pues estoy resuelto a irme a cualquiera parte para no morirme aquí. Creo que los aires del mar me harán provecho y que debo irme a un temperamento donde pueda recobrar mi salud, sea donde fuere, pues es peor quedarme para seguir sufriendo los achaques que hace doce meses estoy padeciendo, y morirme cuando mas tarde dentro de un par de meses que duraré cuando mas. En Jamaica hay excelentes temperamentos y alla es donde pienso irme; si me mejoro volveré y si no lograre a lo menos no padecer tanto. Ruego a Ud, pues me mande un pasaporte , aunque puede suceder que llegue tarde; ya estoy casi todo el dia en la cama por la debilidad, el apetito se disminuye y la tos o irritación del pecho va de peor en peor. Si sigo asi dentro de poco no se que será de mi y por consiguiente no puedo aguardar.¨

El General Montilla, Comandante General del Departamento del Magdalena, llamó al Dr Próspero Reverend, Cirujano Mayor del Ejército, quien residía en Santa Marta, para que se encargara de la asistencia al Libertador, tan pronto éste desembarcara en Santa Marta, la noche del 01 de Diciembre de 1830. De acuerdo con los testimonios de la época, los 17 días previos a la muerte del Libertador fueron de entrega total por parte del médico francés, no aceptando remuneraciones de ningún tipo.

De los 33 boletines médicos producidos por el Dr Reverend, el primero lo produce inmediatamente que se encarga como médico del Libertador en los siguientes términos: ¨Su Excelencia llego a esta Ciudad de Santa Marta a las siete y media de la noche, procedente de Sabanilla, en el Bergantin nacional Manuel; y habiendo venido a tierra en una silla de brazos, por no poder caminar, le encontré en el estado siguiente: cuerpo muy flaco y estenuado; el semblante adolorido, y una inquietud de animo constante. La voz ronca, una tos profunda con esputos viscosos y de color verdoso. El pulso igual, pero comprimido. La digestión laboriosa. Las frecuentes impresiones del paciente indicaban padecimientos morales. Finalmente la enfermedad de Su Excelencia me pareció ser de las mas graves, y mi primera opinión fue que tenia los pulmones dañados. No hubo tiempo de preparar un método formal: solamente se le dieron algunas cucharadas de un elixir pectoral compuesto en Barranquilla.¨

A medida que pasaron los días y se emitían los 32 boletines restantes, la salud del Libertador se hizo cada vez mas crítica hasta su fallecimiento.

El análisis de las cartas del Libertador, de los boletines médicos y del ambiente político existente presentan suficientes evidencias para confirmar que el Libertador murió en Santa Marta de muerte natural desechándose cualquier teoria conspirativa absurda.

En conclusión:

  1. La enfermedad que causó la muerte del Libertador se le manifestó y desarrolló durante varios años. No fue tratada adecuadamente debido a las limitaciones de la época. Esto se agravó por la negativa terca del Libertador a tomar algún tipo de medicina.En sus cartas se puede encontrar una relación bastante detallada de la evolución de su enfermedad. En la carta a Montilla del 26 de Noviembre, antes citada, el Libertador incluso prevé que su deceso se producirá en un período no mayor de dos meses.
  2. No había terreno propicio para conspiración alguna contra el Libertador. El General Urdaneta estaba encargado del Gobierno en Bogotá, el Jefe del Departamento y Comandante de las fuerzas Militares del Departamento era el General Montilla y el Prefecto del Departamento  era Juan de Francisco Martín, todos con una lealtad a toda prueba al Libertador.
  3. Al Libertador se le rindieron Exequias Funerales en Cartagena el mismo 17 de Diciembre encabezadas por las autoridades Civiles, Militares y Eclesiásticas. Esto está ampliamente descrito en los periódicos de la época.
  4. Se produjeron Proclamas de Urdaneta, Montilla, del Prefecto de Cartagena y todos estos documentos fueron publicados en los periódicos de la época incluyendo la Gaceta de Bogotá. Recibieron también amplia difusión el Testamento del Libertador, los 33 boletines médicos y el Acta de Defunción.
  5. El Libertador estuvo rodeado en sus últimos momentos de oficiales y civiles de su absoluta confianza: General Mariano Montilla, General José Laurencio Silva, General Jose Maria Carreño, su edecán Coronel Belford Hinton, Coronel Jose de la Cruz Paredes, Coronel Joaquin de Mier, primer Comandante Juan Glen y Dr Manuel Perez de Recuero. La autopsia del Libertador fue presenciada por los Generales Mariano Montilla y Jose Laurencio Silva, este último casado con una sobrina del Libertador..
  6. No hay que dejarse confundir con las posibles promesas del Libertador a sus amigos y allegados a encabezar batallones para ¨combatir al peligro en cualquier lugar.¨ El propio Libertador reconocía que hacía eso para que lo dejaran descansar en paz.

No se puede abusar de un Pais tratando de falsificarle y cambiarle su Historia sin presentar una sola evidencia que sustente a la nueva historia.

Nota.
Las Citas textuales son tomadas de : Simón Bolívar, OBRAS COMPLETAS.  MAVECO DE EDICIONES, S.A

 

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